El senador de izquierdas Iván Cepeda, segundo en las presidenciales del domingo en Colombia, ha madrugado este lunes para quejarse del uso con fines electorales de la camiseta de la selección de fútbol que ha hecho el ultraderechista Abelardo de la Espriella, su rival en la segunda vuelta del próximo 21 de junio. “La Selección Colombia es de todos los colombianos”, ha dicho al advertir que la prenda es un símbolo nacional, que debería tener restricciones. “Su uso con fines electorales, particulares e ideológicos, es un acto claramente oportunista, cuyos efectos jurídicos se debe examinar”, argumenta, en la antesala de la Copa del Mundo de Norteamérica, en una carta dirigida a la Federación Colombiana de Fútbol, que ha aclarado que no asume ninguna postura política, ni distribuye el popular accesorio.
El debate que plantea el candidato del Pacto Histórico es espinoso. De la Espriella, siguiendo la estela de otro político ultra, el brasileño Jair Bolsonaro, busca apropiarse de la camiseta amarilla como un símbolo del patriotismo que invoca desde su propio eslogan, “firme por la patria”, en una campaña polarizada a más no poder. Lo hace continuando una tradición del repertorio de la derecha colombiana, que en la última década suele movilizarse usando camisetas blancas o de la selección.
El abogado penalista solía ser indiferente. “Abelardo detesta el fútbol, nunca ha ido a un estadio a ver un partido y le importa un rábano lo que suceda en un Mundial”, lo describe el estratega Ángel Becassino en su biografía. La primera ocasión en la que llamó a que sus fervientes seguidores vistieran la camiseta fue el fin de semana anterior a la primera vuelta, para su gran evento de cierre de campaña en la caribeña Barranquilla. Su ciudad adoptiva es, además, la casa de la Selección Colombia, donde jugó como local los partidos de las maratónicas eliminatorias sudamericanas. Y un fortín de la familia Char, que ha respaldado su aspiración. En esa tarima se enfundó la camiseta, y repitió este domingo de elecciones, junto a su familia, cuando dio su discurso de victoria desde un ferry que atravesaba el río Magdalena, mientras cientos de personas lo observaban desde la orilla.
El aspirante ultra, que obtuvo el 43% de los votos en la primera vuelta, también ha conseguido el respaldo de algunos futbolistas como Teófilo Gutiérrez, una veterana gloria del Junior de Barranquilla –propiedad de los Char– que jugó durante años con la selección. También el exfutbolista Faustino Asprilla ha pedido el voto por Abelardo, como todos lo conocen, e incluso aparece en algunas de sus piezas publicitarias.
Su caso recuerda al de Bolsonaro, quien, como presidente de Brasil, se apropió de símbolos como la bandera y la camiseta verdeamarela de la selección. En un clima de polarización extrema, el ultraderechista y el izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva disputaron en 2022 la Presidencia del país do futebol justo en la antesala del Mundial de Qatar. Allí, la política acabó por desgarrar al deporte más popular, con jugadores y viejas glorias en esquinas enfrentadas.
Bolsonaro, que buscaba la reelección, pedía a sus seguidores acudir a las urnas electrónicas con la camiseta, omnipresente en sus mítines, mientras que los brasileños más progresistas dejaron de sentirse cómodos con la prenda, o incluso con la simple combinación de los colores verde y amarillo. El presidente Lula, que ganó por un estrecho margen aquella segunda vuelta y ahora opta por la reelección, se ha propuesto “rescatar” esos símbolos de orgullo nacional “secuestrados” por el bolsonarismo.
Aunque De la Espriella lo ha hecho con mayor intensidad y oportunismo que cualquier otro candidato en el pasado, son muchos los antecedentes de políticos colombianos que se han enfundado la prenda amarilla del equipo. Incluso en plena campaña, pues los ciclos presidenciales de Colombia coinciden con los mundiales de fútbol, que se disputan cada cuatro años. Así lo ha hecho desde el presidente Gustavo Petro, copartidario de Cepeda, hasta su mayor adversario, el expresidente de derechas Álvaro Uribe (2002-2010). También Juan Manuel Santos (2010-2018), que incluso llegó a dar una alocución presidencial con la versión que usó Colombia en Brasil 2014, donde cayó ante los locales en cuartos de final para sellar su mejor Mundial. Una participación histórica que el llamado “equipo de todos” ahora aspira a repetir, ajeno de momento a la polarización, o al desenlace de la segunda vuelta presidencial.